
Identificación proyectiva, diferenciación y locura
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- Fecha 07/04/2026
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Trabajo presentado en la IV Asamblea Internacional de Investigación “A partir de Pichon-Rivière”, Montevideo, Septiembre de 2024, publicado en la revista española Área 3: Cuadernos de Temas Grupales e Institucionales.
Autor Fernando Honorato, Uruguay 2024.
El escrito que presentaré a continuación es el resúmen de una crónica[1] escrita desde el día uno del proceso de formación en coordinación de grupos operativos, desarrollado durante cuatro años en la Escuela de Psicología Grupal y Análisis Institucional Enrique Pichón Riviere de Chile, a través del cual se intenta describir la operación de ciertos mecanismos, como la identificación proyectiva, que ayudaron a enfrentar las ansiedades persecutorias surgidas durante la formación, propiciando la regresión hacia una estructura de grupo primario, caracterizada por la participación versus la interacción según la conceptualización de Bleger (1966), entendiendo que en las instituciones “se dan los procesos de reparación tanto como los de defensa contra las ansiedades psicóticas” (Bleger,1966, p.81)[2], lo que hace difícil el cambio, constituyéndose en amenaza cualquier intento de diferenciación de sus miembros.
Si bien no hay tiempo para introducir el marco conceptual consultado de un modo acabado, cabe decir que se encuentran entre las líneas algunas alusiones al concepto de identificación proyectiva de Melanie Klein, con puntualizaciones de León Grinberg; los conceptos de regresión, participación, sincretismo y grupo primario de Bleger; y lo referido a la simbiosis y diferenciación descrito por Margareth Mahler, además de autores como Enrique Dussel, Eduardo Pavlosky y María Rosa Glasserman y Mary Sirlin.
El proceso grupal
El escrito, pensado para describir el impacto de los mecanismos psicológicos en el proceso grupal y en la subjetividad de sus miembros, fue incorporando ciertas consideraciones acerca del contexto en que se fue desarrollando la formación, que partió el 2019, atravesando el estallido social de ese mismo año; la pandemia del 2020, y la conmemoración de los 50 años del golpe militar de Pinochet, momento que coincide con la crisis de la escuela de fines del 2023, hitos que fueron convergiendo en el curso de la formación.
Durante la formación se iban sucediendo momentos insostenibles de tensión, que en un intento de paliación hacían surgir fantasías como la del asado grupal, que la coordinadora esclareció preguntando a quién se tiraría a la parrilla, es decir a quién se sacrificaría, desentrañando motivaciones con la clarividencia del Shamán, “que descubre inmediatamente la causa de la enfermedad, es decir, el lugar cuyas fuerzas vitales, especiales o generales, han sido secuestradas por los malos espíritus” (Levy Strauss, 1995)[3], consonando con el mecanismo sobre el cual Leon Grinberg & Liberman (1966), según Pavlosky (1981)[4] plantean:
Lo proyectado por medio de la modalidad psicopática de la identificación proyectiva, una vez dentro del objeto, actúa como un superyo psicopático parásito que induce omnipotentemente al yo del objeto a actuar o sentir lo que el sujeto necesitaba que sintiera o actuara (p.115).
De este modo, el propio promotor del asado se transformaría en depositario de la descarga del grupo, asumiendo el lugar asignado, sirviendo el esclarecimiento de la coordinadora a la reintroyección de lo puesto afuera, que resolvió sólo temporariamente la tensión, pues resurgiría más adelante a través de otras fantasías persecutorias como las relacionadas con la noticia de la creación de proyectos paralelos, desconocidos por la coordinadora, también directora de la escuela, y un grupo de wsp que se constituyó por fuera de la formación, acontecimientos vividos como traición, sirviendo la fantasía a la liberación de la culpa depresiva que trajo la reintroyección de lo puesto en el autor de la idea del asado, que volvía como los fantasmas de Pavlosky[5] en diferentes momentos del proceso grupal, restableciendo el frágil equilibrio.
De este modo fue teniendo efecto la asociación libre y su esclarecimiento, conduciendo a poner atención al reverso de la máscara, en dirección al establecimiento de relaciones más verdaderas, componente que le asignaba un caráter terapéutico a la experiencia.
En medio de la nebulosa, cada uno apoyándose en sus propios recursos. De a poco se iría perdiendo la inocencia, entendiendo ciertas reacciones individuales como encarnación de tendencias del grupo, ciertos hechos como momentos naturales del proceso o resultado de una fantasía inconsciente que había que dar por cierta y que parecía circular como reptil entre los pies de los presentes. Las rudimentarias definiciones acerca del sentido surgidas en el grupo y la incertidumbre ante la ausencia de dirección haciendo anhelar una ruta, iban siendo aliviadas con la máxima teórica de que no se trataba de seguir un camino trazado sino de su construcción, dando cuenta del poder de la palabra para la mitigación de la angustia.
La desconfianza reinante hasta muy adentrada la formación, retrocedía a vuelta de pandemia, en las possesiones alcohólicas de Manuel Montt, calle vecina repleta de restaurantes que expelían aromas que hacían inevitable su visita, momentos en los que la exposición quedaba fuera de control, dejando al descubierto la actividad pulsional refrenada por aquí y por allá, manifestada con más o menos pudor o virulencia según el armado individual.
Además de una experiencia, el proceso fue dejando entrever un aprendizaje, en un formato más vinculado a la transmisión que a la enseñanza, postulado no carente de iniciático, reflejado en el axioma de la formación como requisito ineludible para el trabajo con grupos, que transforma y asigna poder, develando un matiz de pensamiento mágico en la formación, jugando un papel importante la sugestión, como sostiene Pavlosky (2007, p.40): “Cuando una proyección es compartida nadie duda… sólo basta un creyente para que la creencia circule”.[6]
El proceso grupal y las lecturas iban sumiendo cada semana en sentimientos de irrealidad, de falsedad de lo vivido afuera, de un algo de melancolía, mal que mal el choque frente al espejo enfrentaba a la pérdida, como desposesión o confusión, y al surgimiento de sentimientos de soledad y añoranza de la placidez de momentos sin pregunta. Poco a poco se iba profundizando el lazo grupal, con algunas simpatías entre miembros, tema tabú porque se intuía la presencia de un componente transferencial incestuoso, considerando que en el acercamiento se jugaba un componente libidinal.
Los hechos afuera, como el estallido social y el movimiento de las mujeres en repudio del femicidio, se hacían sentir en el grupo, denunciando la presencia de actitudes patriarcales en el lenguaje, tema este último que pasó por la sesión como semilla sembrada a destiempo.
La interrupción de la formación por la llegada de la pandemia, trajo un nuevo episodio de confusión, que también era extramuro. Surgió la pregunta por la continuidad, los encuentros virtuales ciertamente era inconcebibles, no obstante se impuso el wsp como medio de comunicación, desarmando el encuadre, que vino a relativizar el papel de la coordinación, derivando hacia iniciativas de otra naturaleza, tales como grupos de estudio[7], como medidas de sostenimiento y sentido. Acompañaba a este momento el temor de estar atentando contra lo instituído de la propia formación, porque hablar fuera de encuadre no era inocente, en parte también porque el virus traía la muerte si no se cubría la boca.
Así, se fue logrando la adaptación a la “nueva normalidad”, cliché que intentaba legitimar el momento, retomándose por fin los encuentros en modalidad virtual, con todas las consecuencias que trajo el retiro involuntario del mundo, limitándose el contacto a la voz y a la mirada, que de igual modo salen de sus cuevas y se tocan entre sí. Se deshacían iniciativas, como intentos creativos desahuciados de antemano, a saber, la propuesta de hacer del grupo un objeto de observación bajo la idea de indagar el cuerpo en la interacción virtual, partiendo por la pregunta ¿De qué hablamos cuando hablamos del cuerpo?, que se diluyó de una sesión a otra, siendo sustituída por una curiosa conversación sobre Astrología, momento de escapada, que parece haber provocado un sentimiento de extravío, que movilizó la decisión de invitar a la coordinadora a un próximo encuentro, para darle al espacio un carácter más terapéutico, como anhelo de realidad, y salida del desamparo.
Los temas surgidos en las sesiones siguientes iban dando cuenta de una maduración teórica, con aproximaciones a la operación en el medio, “gladiadores a la calle”[8], denominación controversial porque anunciaba una misión sobrecargada de mesianismo.
La angustia se paseaba por el grupo, evitando hablar en forma diferenciada como un modo de defensa de la grupalidad, funcionamiento que hacía pensar en los grupos primarios de Bleger, donde la diferenciación está suprimida y se sostiene la personalidad sincrética, y por el miedo al superyo sádico, que de un modo omnipotente podía actuar sobre el yo de nuevos sujetos elegidos para el sacrificio, como había ocurrido con el promotor del asado, que no pudo resistir el juego de proyecciones, llevándose el mal entre sus dedos con su expulsión, haciendo del ataque por parte del grupo la expiación de propia culpa, porque de igual modo, algo de él había en juego.
El choclo se iba desgranando[9], imágen cargada de emoción, de soledad ligada a la pérdida, dejándose caer en el grupo la nostalgia de los compañeros ausentes o de lo que encarnaban, quizá añoranza de un estado anterior que distrajera del momento actual, promotor de confusión y amenaza de desintegración, miedos que también eran personales, cruzados en un emergente con un período de la historia que amenazaba la supervivencia de lo humano, que demandaba desesperado cambios sociales, con una intimidad cada vez más controlada por la tecnología, con generaciones negadas a la prolongación de la especie, desamparados por la declinación de referentes, como el nombre del padre en lenguaje lacaniano.
Las energías iban cediendo, no obstante se desplegaban esfuerzos por sostener al grupo. Comenzaba a sentirse la presencia de la muerte, que también era la locura, el miedo a la disolución, los términos de módulo trayendo excusas para ausentarse, sentimientos que se tornarían dramáticos en los tiempos del término de la formación, con postergaciones tras postergaciones del cierre final.
Habiendo atravesado temores y duelos, se presentaba el momento de pensar la práctica, desafío que provocaba reacciones que fluctuaban entre la omnipotencia y la impotencia, tal vez porque se percibía que su actuación tocaría los fundamento de lo instituido afuera.
Tal vez como formación del inconsciente grupal, y como anuncio, se ve en un sueño a la coordinadora con mucha gente con máscaras, hay una que se la saca y se va.
Emerge subrepticiamente la idea (o el deseo) de muerte de la coordinadora como miedo del grupo, la culpa anticipada de Edipo por el mandato inescapable de los dioses (Dussel, 2022)[10], haciéndose carne las palabras de Foladori sosteniendo la muerte del coordinador como condición de surgimiento del grupo (Foladori 2020)[11].
En consecuencia, comienza el tiempo de preparación para la operación, debiendo ocupar el lugar de observadores en el grupo de formación, en un ritual de iniciación que exponía a una madurez imprevista, como el niño que ingresa a la escuela, donde se juega un deseo que lo asusta. Ser observador en la formación era dar un primer paso, complejizado en un grupo con historia.
Así, se acercaba el final de la formación, cambio de dirección física, vuelta al trabajo presencial, que oh! sorpresa, movilizó la nostalgia del espacio virtual, quizá en parte porque la aparición de los cuerpos parecía haber traído a Eros como invitado. Verbigracia, la celebración de los 30 años de existencia de la escuela que finalizó en una noche de bohemia en la que se exaltaron pasiones con expresiones rayanas con la locura, que persistía a pesar del sacrificio del promotor del asado, algunas de ellas reparadas con versos, conversaciones laterales, saludos y abrazos acusadores, dando cuenta que tal vez el carácter formativo del dispositivo refrenaba la asociación y la inclusion de contenidos que trasciendieran el pecho.
En el posgrupo[12] se fueron complejizando los vínculos, sobrevino un cambio en la convivencia, compitiendo los posencuentros con la formación, fermentados con vino tinto y otros jugos, ritualizados después de un tiempo, encuentros que no estaban ajenos al proceso grupal porque parte de la conversación era referida a la experiencia, comparando, idealizando y desidealizando a la coordinadora y a los observadores, con la aparición de transferencias laterales nunca antes pronunciadas, y algunos inocuos acting out.
La muerte rondando, de un modo abrupto se va una nueva integrante, llevándose un episodio atrapado en el silencio, una operación más del mecanismo proyectivo, dejando un rastro de rabia y dolor.
Así, se armaba y se desarmaba el grupo, siempre alguno retirándose, la muerte como repetición, en una escuela agonizante, que denunciaba una pugna interna, que ahora se manifestaba pero que había comenzado hacía mucho, poniendo en riesgo la vida de una iniciativa que había nacido para pensar, cualidad ausente en procesos regresivos.
A la hora del término, el grupo de formación se encontraba desgastado, la coordinadora sola y afectada en su salud, síntomas que dialogaban y se fortalecían, en un contexto de crisis institucional, que movilizó a antiguos y nuevos adherentes a plantear su deseo de transformación, como una iniciativa de supervivencia.
Algo de lo instituyente comenzaba a hacerse presente, trayendo la creación de una asamblea, en parte paradójica porque es la propia directora la instigadora del cambio.
En consecuencia, se dió comienzo a una segunda historia, operando la asamblea adentro y afuera, poniendo en juego el Ecro Pichoneano, concluyendo la formación en una comida “totémica” en la casa de un integrante del grupo, con la coordinadora en la parrilla, marcando el final instituyente de la formación y el término de la primera parte de la historia.
Se cumplía el llamado paradójico de la directora a tomarse la escuela, como un modo de anteponerse a la muerte…[13]
Montevideo, 13 de septiembre de 2024.
[1] El original consta de 47 páginas, escritas a modo de informante, reducidas para su presentación y publicación.
[2] Bleger, J. (1966). Psicohigiene y Psicología Institucional, página 81, Editorial Paidós.
[3] Claude Levy Strauss, Antropología Estructural, Capítulo X, pág. 212, Editorial Paidós, 1974.
[4] Eduardo Pavlosky, Psicoterapia de Grupo en Niños y Adolescentes, Capítulo XII, p. 179, Editorial Fundamentos, España, 1981.
[5] Pavlosky, Los fantasmas en los Grupos-La Poesía en Psicoterapia, Biblioteca Escuela de Psicología Grupal y Análisis Institucional Enrique Pichón Riviere.
[6] Eduardo Pavlosky, Historia de un Espacio Lúdico, pág. 40, Editorial Galerna 2007.
[7] El grupo de estudio aludido fue denominado “Desde la Ventana”, iniciativa abierta a toda la comunidad ligada a la Escuela, su finalidad era dar a conocer distintas miradas sobre cuestiones que a cada uno inquietaran, siendo invitados a conversar colegas de otros países.
[8] Stanley Kubrick, película, 1960, basada en el relato acerca de un grupo de esclavos que Spartaco sacó de los anfiteatros a la calle, provocando un estallido en toda la península.
[9] La formación se inició con catorce integrantes, al término de los módulos sólo seis.
[10] Enrique Dussel, Filosofía de la Liberación, Brevarios del Fondo de Cultura Económica, 2022.
[11] Horacio Foladori, idea expresada en reunión de trabajo de grupo de estudio de la Escuela de Psicología Grupal y Análisis Institucional “Desde la Ventana”, Santiago, Chile, 2020.
[12] Encuentros fuera de encuadre a la salida de las sesiones.
[13] Desde antes del inicio de la formación, la actual coordinadora y directora de la escuela entonces, exhortaba a que sus integrantes se tomaran la escuela (2018).
Referencias bibliográficas
Bleger, J., Psicohigiene y Psicología Institucional, Editorial Paidós, 1966.
Dussel, E., Filosofía de la Liberación, Brevarios del Fondo de Cultura
Económica, 2022.
Levy Strauss, C., Antropología Estructural, Editorial Paidós, 1974.
Foladori, H. Desde la Ventana, Escuela de Psicología Grupal y Análisis
Institucional Enrique Pichón Riviére, Santiago, Chile, 2020.
Pavlosky, E., Psicoterapia de Grupo en Niños y Adolescentes, Editorial
Fundamentos, España, 1981.
Pavlosky, E., Los fantasmas en los Grupos. La Poesía en
Psicoterapia, Biblioteca Escuela de Psicología Grupal y Análisis
Institucional Enrique Pichón Riviere, 2020.
Pavlosky, E., Historia de un Espacio Lúdico, Editorial
Galerna 2007.
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Fernando Honorato, Psicólogo orientación psicoanalítica, miembro del equipo técnico de la Escuela de Psicología Grupal y Análisis Institucional “Enrique Pichón Riviere” de Chile, co-fundador del colegio Asunción de Rengo y Presidente de la Fundación Pattern, con desempeño en psiquiatría, educación y clínica psicológica.
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